
Comencé a caminar en busca de nada y en busca de algo tan efímero como perpetuo...tan abstracto como real, por ese camino de árboles oscuros y calles silenciosas y a la vez ruidosas cuando el viento intenta llamar la atención moviendo furiosamente cada hoja de cada árbol, silenciando pichones hambrientos. En esa misma calle pude observar a lo lejos, ahi donde parece finalizar el camino, un cartel que decia "Estación 47", me inquietó y entusiasmó esa imágen, la misma que en ese momento consiguió que mi caminar se apresurara en busca de ese algo, pero era una búsqueda incierta y eso justamente me provocaba la ansiedad de llegar.
Ya más cerca de mi destino, pude ver que se trataba de una simple estación de tren, tan simple que nunca había oído hablar de ella, una estación como perdida en medio de la nada, que parecía abandonada y a la vez llena de vida. Ya con los pies sobre ella... me encontraba en la Estación 47, parada observandola y sintiendola... lo que de lejos parecía una fría y abandonada estación, a mi me provocaba calor y protección.
En esta estación había un banco de madera blanco... o debía haber sido blanco en algún pasado, en el momento en que por primera vez una persona se sentaba en él... por el color y el aspecto imaginé que centenares habían pasado por allí. Y ahí me encontraba yo, sintiendo la tranquilidad que la Estación 47 me provocaba... me sentía protegida y cuidada por los años de supervivencia de tan hermoso lugar, y no hermoso por lo bello sino por lo confortable que se siente dentro de él...
Me pregunté si pasaría aún algún tren... aunque sentía que quería quedarme ahí, que sería conveniente que ya no pasaran trenes porque de ser así me tentaría la idea de subirme a alguno en busqueda de conocer otras estaciones.
Y seguía en el banco de esa estación que ya sentía como mía, esa estación que me abrazaba y que me cuidaba y que sonreía, quizás contenta de tenerme ahí, de poseerme, de aquietarme... Cerré los ojos con la tranquilidad de que la Estación 47 cuidaría de mis sueños, iba a estar protegiendo que nada me haga daño... y fue así, hasta que un fuerte ruido a metal me despertó, para mi sorpresa era un tentador tren invitandome a subir, lleno de luz, de colores, de alegría y juventud... Me generaba cosquillas la idea de subirme en él, pero observé lo que me rodeaba... y ahí estaba mi Estación 47, mi banco... no podía abandonar ese lugar por un tentador tren que ofrece diversión.
El tren partió y volví a mi banco convencida de mi buena elección, de no haber subido, contenta de haber elegido los brazos de mi estación.
Pasaron los días y los meses, y los trenes seguian pasando con diferentes tentaciones, y yo seguía negada a abandonar mi estación.
Hasta que un día apareció un joven tren con un cartel en el que se leía Destino: "Estación 24"... miré mi estación y supe que era momento de partir... con los ojos llenos de lágrimas me despedí de la que había sido mi estación que tanto amor me había dado, que tanto me había cuidado y la que tantas caricias le había hecho a mi alma.
Abordé el tren que estaba esperandome para trasladarme a una nueva estación de la que no sabía mucho, pero de la que sentía que sería mi lugar.
Dejando atrás mi Estación 47 emprendí viaje sabiendo que nunca me olvidaría de mi vieja estación, la que supo hacerme lugar y envolverme entre sus brazos cuando mi alma era todo lo que necesitaba.
Cada estación tiene su encanto, en cada estación puedo sentirme cómoda y querida... pero hay una a la que mi vida pertenece, es cuestión de saber elegir el tren que me transporte a mi lugar, donde no existan los hilos que me hagan sentir un muñeco dentro de una caja movida a conveniencia de la realidad.
Ya más cerca de mi destino, pude ver que se trataba de una simple estación de tren, tan simple que nunca había oído hablar de ella, una estación como perdida en medio de la nada, que parecía abandonada y a la vez llena de vida. Ya con los pies sobre ella... me encontraba en la Estación 47, parada observandola y sintiendola... lo que de lejos parecía una fría y abandonada estación, a mi me provocaba calor y protección.
En esta estación había un banco de madera blanco... o debía haber sido blanco en algún pasado, en el momento en que por primera vez una persona se sentaba en él... por el color y el aspecto imaginé que centenares habían pasado por allí. Y ahí me encontraba yo, sintiendo la tranquilidad que la Estación 47 me provocaba... me sentía protegida y cuidada por los años de supervivencia de tan hermoso lugar, y no hermoso por lo bello sino por lo confortable que se siente dentro de él...
Me pregunté si pasaría aún algún tren... aunque sentía que quería quedarme ahí, que sería conveniente que ya no pasaran trenes porque de ser así me tentaría la idea de subirme a alguno en busqueda de conocer otras estaciones.
Y seguía en el banco de esa estación que ya sentía como mía, esa estación que me abrazaba y que me cuidaba y que sonreía, quizás contenta de tenerme ahí, de poseerme, de aquietarme... Cerré los ojos con la tranquilidad de que la Estación 47 cuidaría de mis sueños, iba a estar protegiendo que nada me haga daño... y fue así, hasta que un fuerte ruido a metal me despertó, para mi sorpresa era un tentador tren invitandome a subir, lleno de luz, de colores, de alegría y juventud... Me generaba cosquillas la idea de subirme en él, pero observé lo que me rodeaba... y ahí estaba mi Estación 47, mi banco... no podía abandonar ese lugar por un tentador tren que ofrece diversión.
El tren partió y volví a mi banco convencida de mi buena elección, de no haber subido, contenta de haber elegido los brazos de mi estación.
Pasaron los días y los meses, y los trenes seguian pasando con diferentes tentaciones, y yo seguía negada a abandonar mi estación.
Hasta que un día apareció un joven tren con un cartel en el que se leía Destino: "Estación 24"... miré mi estación y supe que era momento de partir... con los ojos llenos de lágrimas me despedí de la que había sido mi estación que tanto amor me había dado, que tanto me había cuidado y la que tantas caricias le había hecho a mi alma.
Abordé el tren que estaba esperandome para trasladarme a una nueva estación de la que no sabía mucho, pero de la que sentía que sería mi lugar.
Dejando atrás mi Estación 47 emprendí viaje sabiendo que nunca me olvidaría de mi vieja estación, la que supo hacerme lugar y envolverme entre sus brazos cuando mi alma era todo lo que necesitaba.
Cada estación tiene su encanto, en cada estación puedo sentirme cómoda y querida... pero hay una a la que mi vida pertenece, es cuestión de saber elegir el tren que me transporte a mi lugar, donde no existan los hilos que me hagan sentir un muñeco dentro de una caja movida a conveniencia de la realidad.
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